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viernes, 17 de diciembre de 2010

¡Qué abominación!

No les ruegues que no vuelvan, son fantasmas, espíritus de cementerios pasados y claustrofóbicos adormilados. En el ocaso divergente el verde del lugar tiñe un cielo agotado de resistir, y lo analizas despectivo, allí arriba sin presentar batalla, tan supremo que parecía… decide caer para no cambiar. ¡Qué decepción!

Usas llaves encontradas en vías, quizás subterráneas, con motivo de atrapar la esencia embaucadora, pero levita la materia desestructurada, las almas gritan en son de socorro, nadie lo percibe. ¡Qué recepción!

Y el rayo intercepta antenas escondidas, murmurando en su caída para recibir atención, las personas corren para enterrar el amuleto, pero golpea inigualablemente en la tierra recién sembrada… ¡Qué explosión!

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Pájaros han volado.