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domingo, 19 de diciembre de 2010

Estaban tan solos que se olvidaron hasta de la soledad


Los acogíamos en moradas tibias, el frío recubriendo imparcialmente los detalles del jardín. Algunos se presentaban en dinteles escondidos, otros arañaban con suavidad la madera de la entrada, en esos terrenos no se escatimaban recursos a la hora edificar, pero sí a la hora de socorrer, aunque solo debiesen donar un poco de leche.

El viento soplaba las esquinas de piedra, cuando maullaban o ladraban no faltaba un buen samaritano que arrojase –por las ventanas- agua hirviendo, “para ayudar a la comunidad” era su principal excusa, titulada fielmente: lema.

Otros los dejábamos entrar, argumentando que eran víctimas sin afecto, el tiempo hizo jactarme de aquellas palabras, en realidad nosotros éramos los que necesitábamos cariño, ¿protegíamos o nos protegían? ¿Cuántas veces reposaron cómodos en un mismo colchón?

Nos faltaba tanto amor que ni siquiera capaces éramos de aceptarlo.

El humano, obviando lo notorio, para no variar.

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Pájaros han volado.