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miércoles, 29 de diciembre de 2010


Alfa y Omega,
llamas candentes e insurrectas
navegando en tus pupilas de aplomo delirante
Con la resquebrajada figura de ultramar
perdiendo la compostura decente,
inculcada en la hoja platinada del retorcido abeto
en la esquina congruente.
Si el mañana era quimera de soslayo,
el campo era trigal embravecido en las ascuas del ayer.
Ente libre subyugando las mandrágoras de deseos
indecibles e irreverentes,
boca arriba sobre lentejuelas octagonales,
colisiones de minerales candentes.
Eras el relevo de mentiras ribeteadas
en el lomo negro de un gato en martes trece,
una mezcla de Rin Tin Tin con poeta y actor,
fuegos fatuos de cementerios enterrados
en los calabozos del cerebro detractor.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Estaban tan solos que se olvidaron hasta de la soledad


Los acogíamos en moradas tibias, el frío recubriendo imparcialmente los detalles del jardín. Algunos se presentaban en dinteles escondidos, otros arañaban con suavidad la madera de la entrada, en esos terrenos no se escatimaban recursos a la hora edificar, pero sí a la hora de socorrer, aunque solo debiesen donar un poco de leche.

El viento soplaba las esquinas de piedra, cuando maullaban o ladraban no faltaba un buen samaritano que arrojase –por las ventanas- agua hirviendo, “para ayudar a la comunidad” era su principal excusa, titulada fielmente: lema.

Otros los dejábamos entrar, argumentando que eran víctimas sin afecto, el tiempo hizo jactarme de aquellas palabras, en realidad nosotros éramos los que necesitábamos cariño, ¿protegíamos o nos protegían? ¿Cuántas veces reposaron cómodos en un mismo colchón?

Nos faltaba tanto amor que ni siquiera capaces éramos de aceptarlo.

El humano, obviando lo notorio, para no variar.

viernes, 17 de diciembre de 2010

¡Qué abominación!

No les ruegues que no vuelvan, son fantasmas, espíritus de cementerios pasados y claustrofóbicos adormilados. En el ocaso divergente el verde del lugar tiñe un cielo agotado de resistir, y lo analizas despectivo, allí arriba sin presentar batalla, tan supremo que parecía… decide caer para no cambiar. ¡Qué decepción!

Usas llaves encontradas en vías, quizás subterráneas, con motivo de atrapar la esencia embaucadora, pero levita la materia desestructurada, las almas gritan en son de socorro, nadie lo percibe. ¡Qué recepción!

Y el rayo intercepta antenas escondidas, murmurando en su caída para recibir atención, las personas corren para enterrar el amuleto, pero golpea inigualablemente en la tierra recién sembrada… ¡Qué explosión!