viernes, 12 de marzo de 2010
Es insignificante el hecho de vivir con tranquilidad dentro de un marco de ignorancia, si lo comparamos con cuestionamientos imposibles de evitar lo primero deja mucho que desear y lo segundo conforma más allá de la razón sin respuesta. Las madrugadas sin dormir, las tardes que se ven opacadas por las preguntas, las horas que desearía quitar la masa negra que carcome mi cerebro, los relojes con su tic tac monótono, sincrónico, insoportable, remarcandome que el tiempo corre tras de mi, tras de todos. Cuando pienso, durante las noches de insomnio, que daría la vida por ser normal, cuando muero en el intento de morir con la sociedad sin golpearlos corriendo sobre -y en contra- de ellos, cuando caigo del barranco y necesito unas manos más fuertes que las mías para sostenerme, cuando se escapa la lágrima del recuerdo desamparado, del fue pasado, del futuro que es presente. No, no cambiaría. ¿Por qué ahogarse en una botella o en ruido para no escucharnos a nosotros mismos? ¿Cómo evolucionaremos si no podemos llegar a auto-comprendernos? Miente, miénteles a cada uno que te rodea si es así como quieres las cosas, pero la verdad está en tu interior esperando salir aunque goces del engaño. Muere, acompáñanos a todos en la lluvia ácida de ideologías no compartidas pero defendibles, no vengas con tu palabrerío ininteligible que comienza con la frase: "No me interesa.." y se pierde en una rutina de estruendo frívolos.
martes, 2 de marzo de 2010

Mi principal problema es que odio la cursilería barata. Las chicas llorando por príncipes azules que no llegan, intentos de palabras poéticas para representar la decepción, etc. ¿A quién le importa? ¿Tan difícil es de comprender el simple hecho de que si necesitaramos a otra persona del sexo opuesto todos naceríamos de a dos? Es ilógico. Hay muchas cosas interesantes en las cuales creer como para perder tiempo en eso, como por ejemplo: en nosotros mismos, en la auto-superación, en el continuo cambio favorable, en el indiscutible sabor del triunfo, el regocijo de saber que dimos todo por una buena causa. Creo en cuentos de hadas que no necesitan del capitalismo para subsistir.
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