
Viste su cara sin defectos,
sin un ápice de pregunta en los ojos,
ni un pelo corrido hacia lugar esquivo. Una figura espectante en la lejanía de lo que pudo ser y no fue, de lo que no será.
De lo que se vuelve imposible evitar. Y se desenvuelven las trascendentales aves,
vuelan en el gozo irrefutable que otorga el impedimento de los demás; el cielo se mueve despacio y todo es Luz.
Promesas que sabemos imposibles
de cumplir, pero hacemos por regla general,
por imposición.
La mente que no se deja ocupar,
los fantasmas que no pueden ser arrancados
del cerebro,
falsos engranajes que no concuerdan,
que traban el funcionamiento del Yo
como primera persona del plural,
¿nosotros?
Y se presentan los viajes intuitivos,
los escapes furtivos,
la aventura desmedida,
la euforia resumida y
una palabra escondida,
el sótano del recuerdo se convierte
en una playa donde vagar sin distancia
ni consuelo.
¿Quién querría cambiar la vanguardia cuando es inentendible?
Las arañas se desarman en el desangrado túnel espiral,
consecuencia del megáfono sin batería,
de la voz que grita y no se escucha,
de la competencia que dura hasta encontrar un ganador y
¡Bingo!,
aquí traigo lo prometedor
y lo encerramos en una caja para estudiarlo
con parsimonia irregular,
con aburrimiento espectral,
con fingido interés.
Las características del agua,
del viento,
de su fluidez comparable con la libertad cúspide.
Con el rozagante perfume que se infiltra
lentamente por la garganta,
que nos avisa la matanza,
que no queremos dejar ir, que permitimos
ocupar el espacio donde ya no se puede respirar.
Y morimos, nosotros morimos, porque morir es vivir,
y vivir a veces es un poco descabellado e ilógico.
Suicidio mental colectivo!




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Pájaros han volado.