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miércoles, 23 de diciembre de 2009


¿Quién diría que en un año tantas cosas pueden cambiar? Sueños, promesas, pasiones, esperanzas que se pierden mientras otras renacen en una corriente del Río Paraná; tantas monedas que apostamos y perdimos en la noche del deseo, cuando creíamos ser capaces de lograrlo, cuando pensábamos que para volar se necesitaban alas, que ilusos ! Si para volar sólo se necesita, en algunas ocasiones, pensar en alguien; que cantidad de ideales reafirmados de manera extremista, cambio es la palabra esencial, sufrimiento por lo amado, por lo que daríamos la vida en un segundo, por eso que desfallecemos en el amanecer del encuentro, cuando unos ojos pidiendo ayuda nos reconfortan al encontrarnos en problemas, una paloma que muere en paz eterna sin ser perturbada. Tanto para afrontar y que luego vimos hundirse en la nada. Una escuela de la vida. Un despertar naciente, y un nuevo año, como siempre, esperándonos del otro lado, burlándose de nuestra ignorancia, y nosotros siempre apostamos de nuevo, porque esa es la paradoja del que cree en el destino.

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Pájaros han volado.