¿Quién dice, Cariño, que debemos morir cuando el Sol explote?
Si el fuego sucumbe a la pasión es fácil decaer cuando las luces están apagadas.
Entonces esperemos el estallido de lo que no es más que frágil y destruido corazón, para generar un vacío excluyente de sanas expectativas.
Un árbol, una hoja, una lapicera y nos bastará para innovar la magia ya existente, perfeccionada por los antiguos y degradada por los jóvenes.
No nos amemos, descendiente de centellas, porque sólo las puestas de Sol merecen ser amadas.




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Pájaros han volado.