Cuando la ingenuidad franquea la idiotez el resultado acaba floreciendo cual fatalidad, por lo menos para algunos.
Confiaste en las alucinaciones retumbando en la demencia de una cueva, recorriendo el silencio para toparse con paredes que hacían eco deformando el sentido real.
Creíste en las malversaciones de un incrédulo ser.
Convertiste tu vida en un mero objeto, un ente que se posiciona en la mitad de hechos no relacionados con él, un sujeto que sólo es parte de una cadena sin fin de venganza, de ojo por ojo, de juego denotando lo involucrado nefastamente, una puesta en escena con excelentes actores, un teatro simulando contención esperando que desfallezcas sobre una red de sustento fabricada únicamente con imaginaciones.
Recorres el camino por una cuerda floja, hacia abajo la intensidad del dolor mientras la red desaparece, arriba los pájaros sobrevuelan el aterrizaje mortal para desgarrar tus partes deshechas, por delante la oscuridad se acrecienta…
Y la nada, la nada misma riéndose, ahora, a carcajadas de mí, señalándome con su dedo acusador y enfermizo.Y yo, dando pelea, intentando demostrar que no actué erradamente, que el golpe contra el suelo será atajado por algo más. Lo repito en voz alta, una y otra vez, para conceptuarlo interiormente. Pero lo pongo en tela de juicio, porque asumo el miedo que genera este tambaleante hilo que me sostiene para burlarse de mí, para rechinar sobre su grandeza etérea e inconsistente.
Pero el hilo, la cuerda, el sustento, no sabe de mi capacidad de continuar, no conoce mis intenciones, no posee los ojos necesarios que le permitan vislumbrar las tijeras plateadas que llevo a mi lado con el fin de cortarlo antes de que, irremediablemente, me suelte.
Voy a caer, pero caerá conmigo.




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Pájaros han volado.