Mientras avanzaba el dificultoso camino se tornaba más complejo, esto suponía disconformidades para los mortales, pero los caminos que crecían, se plegaban y se reencontraban nuevamente en abrazos mortíferos eran recorridos por alimañas de todas las especies.
La noche estaba en sus aposentos, eso significaba que El se habría marchado horas atrás, si la suerte estaba de su lado podría encontrar un portal que sirviera de atajo, de lo contrario su búsqueda se extendería irremediablemente.
Las luces de la luna se reflejaban en el lago que marcaba el comienzo de su camino, apuró el paso hasta casi flotar sobre el sendero; la densidad del paisaje se tornaba desagradable, matices de verde en todas las gamas, de cierta perspectiva podía asociarse con una mancha verdusca en el lienzo de un pintor estrafalario.
Se arrodilló cerca de la orilla, y en una fracción de segundo tomó por las extremidades a un sapo que croaba escondido entre un pequeño camalote; el animal se removía de manera incansable, desesperado por escapar de lo que consideraba una temprana muerte.
Lo depositó sobre las hierbas y a continuación arrojó de su bolso las piedras que contenía, regando de poder el suelo ennegrecido por las sombras, crisoberilos, amatistas y aguamarinas se entremezclaban en la superficie semi-fangosa; el viento revoloteaba alrededor de las piedras, moviendo la neblina a su compás rítmico. Las voces de la tierra cantaron acompañando la melodía, y como volando entre suspiros los objetos marcaron la ruta que debía seguir.
No lo hagas; No podrás hacerlo; Es demasiado tarde; La trama está desecha- Murmuraban las bestias que habitaban dentro del lago, apenas asomaba las puntas de sus sombreros, y las voces entrecortadas se habrían paso entre el agua estancada.
Ignorando sus peticiones bien fundadas continúo con su invocación:
- Por la copa de cristal de las Bellas Artes; por la sangre derramada de Esmirol; por las noches embotelladas en los Mundos Superiores; La Llave es lo que necesito-
Su túnica roja centelleaba en la negrura, un hormigueo entrecortado se materializó en su espalda, anunciando la llegada del Ser imperceptible a la vista.
Michelle experimentó con desagrado la manera en que relamía todo su entorno, degustando y apreciando con sus miles de ojos sin visión, por un instante creyó que sentiría el latido del corazón de aquel supremo, pero lo identificó como un sentimiento ridículo, en los niveles superiores de la muerte nadie poseía corazón.
El poder se concentró en el sapo que hasta entonces había permanecido inmóvil, su expresión de perplejidad se acentuó, los ojos saltones salieron de sus orbitas y tras croar varias veces el animal explotó, dejando al descubierto, además de sus entrañas, La Llave; las células comenzaron el difícil proceso de reincorporación y cicatrización hasta que su cuerpo estuvo completo, asustado, saltó hasta el estanque mas cercano, donde se escabulló como lo haría un holograma de los tiempos futuros.
La presencia divina desapareció.
Michelle introdujo su mano enguantada dentro del orificio donde antaño el sapo había explotado, con alegría observó la superflua llave platinada, tan simple como una hoja de álamo, tan hermosa como Afrodita.
Miles de luciérnagas engullían la noche, las estrellas de la tierra provenían del interior, dejando una estela dorada a medida que se movían en conjunto; Michelle desenfundó su espada, reluciente como el cuerpo de los insectos, y enterró su afilado extremo en el suelo, donde tropezó de improviso con una superficie dura, acercándose con cuidado retiró la maleza que recubría una puerta circular, según las leyendas conduciría a las catacumbas olvidadas.
Con esfuerzo pudo mover aquella especie de entrada a las alcantarillas de los mundos, donde una fosa común significaba la unión de los supervivientes; ahora las escaleras solamente llevaban a un desierto inhóspito despojado de vida.
Su túnica la protegería de las enfermedades que contenía aquel lugar, cerrado durante siglos, inexplorado durante décadas, incubando con desprecio los virus de las razas.
Al oeste las hienas salvajes aullaron de hambre, obligándola a introducirse en las tortuosas alcantarillas, por ultima vez oyó las nauseabundas arcadas nacientes del lago, escupiendo su palabrería incesante.
No lo hagas; Es Tarde; Olvida el asunto…
Debía emprender el camino lo antes posible si pretendía encontrar a Matías. Intentó despejar extraños pensamientos de su mente, pero una pregunta le carcomía el cerebro:
¿A caso El también temería?
sábado, 20 de junio de 2009
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Pájaros han volado.