Aunque las partículas de polvo gris volaran, permanecía ahí. Más allá de que el revoque del techo comenzara a caerse, continuaba en ese lugar. Y si algún día la habitación se desmoronara, ciertamente, seguiría erguido con el orgullo habitual.
Lo cambiaron varias veces de cuarto, pero encontraba, en cada ocasión, una manera de volver. Dejaron de intentar alejarlo cuando descubrieron que no había forma de que desapareciera.
- Es preferible convivir con el, antes que echarlo y que regrese. –expreso Jennifer.
El resto de los integrantes de la familia- cuatro en total- convinieron en que era lo más sensato.
Los días teñían de arrugas a las caras de los moradores, pero el siempre resplandecía intacto, refulgente. Los invitados lo contemplaban con aire desconfiado, sin comprender que, en realidad, el los observaba a ellos. Cada detalle, toda maniobra, nada se escapaba, ningún detalle pasaba desapercibido. Un ojo gigante en la pared de la vida
Tenia el poder de convertirse en lo que quisiera, todo dependía del ángulo que prefiriera tomar.
- ¿Te diste cuenta, Dolores?- pregunto Elena, su madre, asombrada.- Puede ser lo que quiera, pero siempre es nosotros. Vos, yo, tu hermana, tu padre, lo único que jamás cambia es el marco negro. ¿Será una especie de pestaña cíclope?
- Basta, mama, ya comenzaste a desvariar con historias fantásticas.
- Lo fantástico deja de serlo cuando se convierte en realidad- agrego su padre- Y no cabe duda de que esta es la ocasión perfecta para demostrarlo.
- No te confundas, Dolores, las habladurías de los viejos con un presente axial. ¿Quién sabe? Quizás hasta puedas cambiar lo venidero. Cierta vez me explicaron que los hombres forman su destino, ¿será cierto?
Ella los observo con aire apesadumbrado, mirada soñadora y una sonrisa reprimida antes de contestar:
- El tiempo mostrara lo que quiera, podemos cambiar la senda pero el final es el mismo, el destino esta previsto.
Luego de unos minutos, su padre resignado, trato de hacerla entrar en razón:
- Deberíamos por lo menos ocultarlo.
Pero como tantos hechos este quedo inconcluso.
En el fondo Dolores sentía miedo, un ojo puede ver, pero uno nunca llega a vislumbrar lo que hay del otro lado. Excluyendo las características que lo diferenciaban, era igual a los del resto de la habitación: plateado, ovalado y brillante.
Los dueños exageraban bastante en el caso, era imposible que se espantaran de tal forma al verlo, pues se criaron en un universo de dobles caras. Los espejos recubrían esa pieza, pero el, ubicado en el medio, era la figura central. Como un político que busca someter voluntades ajenas, como un filosofo que incursiona en los cuerpos celestes, pero sobretodo como un ser solitario, que abandonado se repliega en la ausencia de compañía. Tan agobiado como desierto.
La familia planteo hipótesis durante años, la más sensata resulto surgir un día en el cual el agua resultante de una tormenta se abatía contra las ventanas.
- ¿Por qué va a permitirnos que lo despreciemos si, después de todo, nosotros lo trajimos?- formulo Jennifer entre sollozos de pesadilla.
Ninguno pudo negar la culpa. Lo de uno, sigue siéndolo, por mas desagradable que fuera. Un ojos triste, enfurecido, mas quien supo jamás que verdades le habrían sofocado. Con su borde inmóvil que no le permitía dejar de mirar, con sus arañazos en la retina, con la tierra que paso a formar parte de el. Lo encontraron así, y así lo aceptaron. Ahora no lo rechazaban.
Como quien encuentra un cachorro y mas por lastima que por placer le da hogar, y el animal crece y destruye cosas, y les aburre a los dueños, y comienzan el trabajo de encierro y cuarentena.
Pero no toda la culpa era de ellos.
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Rememorando consideraron que la cadena de cristal blanco los había atraído en un principio. Entonces, en el compra-venta de muebles y electrodomésticos usados, había una sección denominada: actos y reflejos. Se encontraban los más diversos aparatos formados por espejos, algunos eran de venta al público, otros solo de exhibición. Anteriormente había sido utilizado como material de arte, pero cuando ellos lo encontraron pertenecía a la muchedumbre de artefactos destartalados que pocos querían llevar a sus casas.
Elena vio las cristalizadas esferas que, cayendo de forma dramática sobre la madera del marco, sostenían una especie de prisma del mismo color.
El corazón le dio un vuelco y fue imposible resistir la tentación.
- ¿Cuánto esta? – pregunto señalando el robusto mueble.
- $300- replico el vendedor- antes era de un importante valor.
- Disculpe, pero ¿no le parece demasiado costo por un collar?
El hombre río entre divertido y confundido. Luego de sacudir la cabeza para despejar sus ideas agrego:
- Lo siento, pero no hay collar si no hay espejo.
Elena discutió varios minutos con el hombre que ostentaba una barba tan desigual como los fideos que hervía su madre y, al ver que no cambiaría su decisión, acepto las condiciones.
Con gran esfuerzo los hombres presentes cargaron al collar y a su extraña compañía en el vehículo, lo depositaron a la espera de arrancar. Y, allí, encima de la camioneta, se despertó.
En este punto cabe resaltar que apareció con una correa, esto elimina las suposiciones y formaliza la idea de que, antes, tuvo un dueño. El pasado marca y define.
En un principio eran solo ronquidos (¿o no lo eran?), sonaba a vibraciones exaltadas que batían el suelo de madera.
Se fue acrecentando a medida que reconocía las nuevas posesiones que le habían sido otorgadas, por fortuna y por insistencia.
Pero la primera vez que permitió ver sus dotes malsanos y estrambolicos, fue en Abril. Al igual que en las canciones, y en las poesías, las situaciones se dan en esta fecha. Será por su estación o por su aire nostálgico, pero no queda otra alternativa.
Jennifer se había levantado a la madrugada por la quejumbrosa molestia del hambre, saco una manzana de la heladera y, tras dirigirse al camino que la conducía a su habitación, freno en la mitad del recorrido. Miro con cierto temor impugnado por la mente, desde un punto de vista psicológico, acerco su mano para cerrar la puerta que, entreabierta, era la causante de sus revoloteos de noche, su falta de sueño (¿o miedo a dormir?); al detenerse a contemplar al nuevo huésped, se interno en la oscuridad de la pieza.
Tocando el reborde de madera negra y el vidrio empañado que hacia las veces de espejo, provocó el tambaleo de este, como impulsado por un dolor infrahumano. Golpeo con mas autoridad y poder, demostrando sobra de coraje, como quien descubre inanimado un objeto que siempre lo fue, pero acepta la realidad que distorsionaba mas por madurez que por falta de fe. Crach, un único sonido reboto en la perdición y una rajadura surcando el cuerpo de este espejo. Sabia que era imposible, pero por un momento llego a creer que esa herida era tan profunda como la antigüedad del mundo, tan honda como un abismo encarcelador.
Se alejó con sumo cuidado para observar el daño realizado, la esfera roja en la mano y en el reflejo, su rostro sonriente. Se tocó las comisuras de los labios y, llena de pavor, comprendió que no estaba manifestando alegría alguna.
Los gritos desesperados comenzaron al ver la manzana. Reluciente y real era hacia instantes, pero ahora, se mostraba en la imagen reflejada putrefacta e invadida de gusanos que sin piedad la atacaban, un humo gris y a la vez inexistente por su propio aplomo sonoro rebuscó salida en un ambiente que desconocía, tras tantear y degustar con cuidado seleccionó lo que se hallaba mas próximo a el y, Jennifer, se quedó sin voz a causa de los alaridos, aunque no la escucharon…ya estaba del otro lado.
La buscaron durante meses, pero ninguno se sometió a la irreal creencia de que el causante y principal sospechoso de la desaparición era un objeto ajeno a la verdadera normalidad.
Pueden espiar entre risas cadavéricas que se perfilan durante los años, el aburrimiento gana la batalla contra la desesperación, siempre miran algo que no comprenden y por esta razón resulta divertido. Los humanos no pueden, se creen tan importantes que cuando miran la superficie solo se ven reflejados a ellos mismos en lugar de lo que hay más allá. Hay pruebas de estas situaciones que se repiten constantemente, las cosas pueden pasar de un lado a otro, pero luego no vuelven, por eso me doy prisa a terminar este relato, planeo transcribirlo a mano antes de arrojarlo hacia allí. Vamos, lector, apresura los hechos, porque cada segundo estás a un paso mas de perderte en esta dimensión, ¿creías que solo los espejos podían transfigurarte?




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Pájaros han volado.